Palabrero


Areito.

Opinamos que de aquellas orgías, que los cronistas llamaron areitos nació otra palabreja llamada, behíque, porque entre aquellos treinta nueve hombres quedados en el Fuerte de la Navidad, también había un boticario. En aquellos tiempos finales de la Edad Media, ¿qué era un boticario? El boticario podía ser, un físico, un mago, un brujo, un barbero o simplemente un curandero que ejercía prácticas curativas empíricas y rituales. A parte de dedicarse a las curas o pequeñas cirugías, ¿a qué más podría dedicarse un boticario ocioso, cuando el vino se agriaba o se acababa por los excesos? Creemos que a experimentar con frutas, yerbas y raíces, acompañado de nativos que aprendían lo que les enseñaban, como hacer vino a falta de uva y quizás de ahí surgió la bebida llamada chicha y el behíque que entre los indios no era más que un sacerdote o curandero.

Batea.

Si nos dejamos guiar por la nota de Fernando Ortiz, en su Catauro de cubanismos, donde nos aclara que es una artesa hecha de duelas, de forma circular, que se emplea para lavar la ropa, y para bañarse, entre los campesinos o guajiros, y que fue voz marinera, nos obliga a pensar en los cubos o baldes utilizados por los marinos para baldear las cubiertas de los navíos en la antigüedad y eran como barriles o toneles cortados a un tercio o cuarto de su tamaño. Pero, ¿se llamaban bateas antes del descubrimiento? Creemos que no. Cuando el sabio habanero apela a la etimología nos hace la siguiente reflexión: La acepción 3a de la Academia es distinta. La Academia antes creía que era arábiga la palabra, ahora cree que viene del latín (patella); Zayas que de las Antillas; Coll y Tosté se remonta al sánscrito váida, al través del árabe oatiya. Sin tantas pretensiones, es también voz portuguesa, como magua y alguna otra, que se disputan por caribes y son lusitanas. De modo que si se usó en Portugal, como en Castilla, cuando el descubrimiento, ¿podemos pensar que sea, realmente, antillana? Si por antillana entendemos que la palabra se creó en las Antillas, sí, pero no es indígena. Recordemos que en el Fuerte de Navidad, había un tonelero, que bien pudo crear la  batea más ancha que los cubos y los baldes marineros y menos elevada, para depositar la masa del maíz y la de la yuca y luego hasta para sacar el oro en los ríos, pero cuando analizamos en el artículo de la palabra tea, proveniente del latín taeda, que acompañando a otra palabra también latina, pinus, es una especie de árbol muy conocido en América, nos referimos a lapinotea, no me cupo la menor duda, que ba(tea) es una palabra castellana y muy probablemente mencionada por primera vez en algún lugar de La Española. Era con esta madera con la que se elaboraba la primitiva ba(tea) que sirvió primero para depositar la masa del maíz para las tortillas y la de la yuca para el cazabe. Y más tarde elaborada de una sola pieza con distintas formas de cualquier tabla o pedazo de madera, sea de pino, caoba, cedro u otro árbol maderable.


Behique.

Opinamos que de aquellas orgías, que los cronistas llamaron areitos nació otra palabreja llamada, behíque, porque entre aquellos treinta nueve hombres quedados en el Fuerte de la Navidad, también había un boticario. En aquellos tiempos finales de la Edad Media, ¿qué era un boticario? El boticario podía ser, un físico, un mago, un brujo, un barbero o simplemente un curandero que ejercía prácticas curativas empíricas y rituales. A parte de dedicarse a las curas o pequeñas cirugías, ¿a qué más podría dedicarse un boticario ocioso, cuando el vino se agriaba o se acababa por los excesos? Creemos que a experimentar con frutas, yerbas y raíces, acompañado de nativos que aprendían lo que les enseñaban, como hacer vino a falta de uva y quizás de ahí surgió la bebida llamada chicha y el behíque que entre los indios no era más que un sacerdote o curandero.


Bola.

¿Qué bolá asere?, o ¿asere que bolá? No sé cuantos años llevo investigando esta frase o saludo entre los jóvenes cubanos de ayer y de hoy. Es un saludo netamente habanero. Pichardo desde 1836 le daba el significado de bola al hecho de estar o meterse en bola, mezclarse o tomar parte en alguna diversión o negocio de otros, amén de significar mentira, noticia falsa o dudosa. Todavía en la segunda mitad del siglo XIX, todo baile que no fuera de salón era llamado baile de la gentualla o de la chusmería. El calesero (uno de los negros o mulatos que corrió con mejor suerte) jugó un papel fundamental en la evolución de esta frase porque era quien transportaba a los jóvenes blancos hacia los diferentes bailes o fiestas que se celebraban en las casas de la Habana. Y mientras los amos se divertían, ellos formaban rumbantela con el tiple (1), o la cuarta de cuero labrado (2), que percutían sobre el pesebrón del quitrín (3), e intercambiaban información sobre la próxima bola, es decir la próxima fiesta o convite. La mayoría de estos caleseros eran negros criollos acurrados o ñáñigos afiliados a las potencias abakuás, donde se originó la vozasere de la Lengua efik. “Yo saludo en  lengua”, lenguaje que era un bodrio de vocablos chapurreados que desfiguraron, pero a la misma vez enriquecieron el castellano. “¿Qué bolá asere?, o ¿asere que bolá?Y para terminar los dejo con un pasaje de la época a la cual me refieroDesde las siete de la noche, ocupaba ya el zaguán de la casa(4), la orquesta (5), cuyos timbales resonaban a intervalos, a manera de aviso preventivo; haciendo que se agolpara la gente en la calle, ávida de participar de algún modo de la bola que allí estaba armada (6).

(1) El tiple era una guitarra pequeña de voces muy agudas.
(2) La cuarta era la fusta que azotaba una de las cuatro partes en que se dividía al cuadrúpedo, en este caso el caballo.
(3) Quitrín, el carruaje netamente cubano que sustituyó a la calesa, sin importar que al cochero se le siguiera llamando calesero.
(4) Zaguán, la cochera cubierta dentro de las casas para guardar el carruaje, está inmediato a la puerta de la calle. Hoy conocido también como garaje.
(5) La orquesta en ese tiempo fundamentalmente la constituían los negros y mulatos.
(6) Cuadros de Costumbres cubanas. Francisco de Paula Gelabert. Habana 1875. Pág 32.


Canoa.

La palabra canoa nunca fue arahuaca y sí creada por algún castellano, convirtiéndose en la primera voz americana incorporada al español, registrada desde 1493, en el Diccionario de Antonio de Nebrija, según el fichero General del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Cuando Colón se acercaba a la isla de Juana, o sea Cuba, y al ver sus grandes árboles quedó impresionado de tal forma, que así lo plasmó en la carta que en 1493, le enviara a Luis de Santangel, escribano de ración de los Reyes Católicos. Hay palmas de seis u ocho maneras, ques admiración verlas por la diformidad fermosa dellas… Y más adelante las describió como árboles de mil maneras, y altas, y parecen que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la foja, según lo que puedo comprender que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España. Debemos aclarar que en aquellos tiempos las palmas no se clasificaban en reales, en canas ni africanas, etc. Eran y son consideradas hasta el día de hoy, árboles. Y creemos que antes del nombre de reales, algún castellano las llamó canas, por su parecido al cabello cano en su color grisáceo, por lo que aseguramos, de aquí surgió el nombre de canoa a la embarcación que Colón llamó almadía, del árabe hispano almadíyya, embarcación formada por troncos o maderos unidos y en su segunda acepción, canoa, embarcación de remos. El padre Las Casas que se cree fue el autor del Resumen del Diario de navegación, reflejó la admiración del Almirante hacia las canoas: Ellos vinieron a la nao con almadías, que son hechas del pie de un árbol, como un barco luengo, y todo de un pedazo, y labrado muy a maravilla, según la tierra, y grandes en que en algunas venían 40 o 45 hombres, y otras más pequeñas fasta haber dellas en que venía un solo hombre. Aclaremos algunos conceptos al respecto, porque para los antillanos, y particularmente los cubanos, a la palma nunca la hemos visto como un árbol, sino como una mata, sin importar la altura, y así llamamos a una mata de tomate, al naranjo, a la mata de plátano, a la de coco, que a la mata de palma, cosa que aún la Academia de la Lengua no acepta y creemos que por tal motivo los lexicógrafos y escritores como Juan Ignacio de Armas, por poner un ejemplo, no pudieron dar con la verdadera etimología de la palabra canoa, porque este erudito de las letras, la relacionaba con las palabras canela, canal y otras más. También es cierto que canoa se llama a un tronco de la palma o de cualquier árbol maderable, convertido en canal y cerrado por los extremos, donde abreva el ganado, pero por supuesto que esto sucedió mucho después, en alusión a la embarcación, y quizás por ahí anduvo buscándola el ilustre camagüeyano. Entonces volviendo a lo dicho por Las Casas, vemos que la palabra pie en su quinta acepción del diccionario de la RAE, significa el tronco de un árbol, que el vocablo luengo, es lo largo. “Y labrado muy a maravilla, según la tierra, significa labrado por la tierra de forma natural, y no por las manos de los indios, ni con hachas de piedra y fuego, como nos lo han hecho creer hasta ahora, porque la confusión llevó a muchos cronistas y escritores a pensar que las canoas se fabricaban de cualquier tronco de árbol maderable rameado, después de cortados y quitadas las ramas. (Y de Armas, siempre se preguntó con qué herramientas cortaban el tronco y lo despojaban de sus ramas, si cuando Colón llegó, los Naturales no las conocían). Acaso no es más lógico pensar que las canoas se hacían de los troncos de las palmas, que alguien llamó canas por su perecido al cabello cano, y que por cierto, en contraposición a los árboles maderables, la parte exterior (labrada por la tierra) es más dura que la interior, y que resulta más fácil recibir el fuego de los carbones. Además los que tuvimos la posibilidad de ver las crecidas de los ríos, vimos cientos de palmas flotando, que luego de la inundación quedaban varadas a lo largo del cause, cosa que los indios formando grupos, (decía Colón que aparecían por cientos y miles) bien podían sacar a tierra y ponerlas a secar al resistero del sol, quemándolas luego en sus extremos y colocando las brazas en la parte superior para que el fuego, después de quemar la corteza, quemara la parte filamentosa y blanda del interior, y como nos aclara el diccionario, a lo largo de unos quince metros de longitud (luengo) y alrededor de medio metro de ancho, en el tronco (pie), como lo reflejó Colón, muchas canoas, de sólida y compacta madera, aunque estrechas. ¿Quedará alguna duda de que las canoas de nuestros indios antillanos fueron elaboradas de las matas de palmas canas y de ahí el nombre por su parecido al cabello gris? No olvidamos que por la misma confusión, luego se elaboraran de troncos de árboles maderables y que en muchas partes de América, las llamaran piraguas. Solo hay que fijarse en los troncos. Al elaborarse de la palma, explica la gran cantidad de canoas que aparecían por todas partes, no así, si se hubieran hecho de los troncos de árboles ramosos. Así también se justifica el color prieto, que señaló el Almirante a los indios, y no es otra cosa, que una vez ahuecada por el fuego, su interior filamentoso se hacía carboncillo, y aquellos 40 o 45 hombres, de una sola canoa, quedaran con los cuerpos tiznados. La canoa fue el primer objeto artificial que verdaderamente llamó la atención al Almirante, una embarcación muy fácil de elaborar de un pedazo de palma labrado muy a maravilla (liso por completo) que, si se le trastorna, luego se echan todos a nadar y la endereçan y vazían con calabaças que traen ellos, porque ni quilla tenía. Por lo menos en el período comprendido entre el 12 de octubre y el 25 de diciembre de 1492, en el que nuestros aborígenes eran verdaderamente Naturales.


Caimán.

En los tiempos del descubrimiento la palabra caimán no existía como tal, este tipo de saurio era conocido como lagarto. Bestias en tierra no vide ninguna de ninguna manera, salvo papagayos y lagartos, así se escribió en el Diario de navegación. La palabreja no pertenece a la lengua aborigen ni siquiera a nuestra lengua madre, el castellano. El célebre Juan Ignacio de Armas, en su obra La zoología de Colón, pág 146, aprovechando el comentario del Cronista Mayor de Indias Antonio de Herrera y Tordesillas, al diferenciar al cocodrilo del caimán, donde expresa «Hay dos maneras de ellos, unos bambas y otros caimanes; unos verdes, y otros pardos, con pintas coloradas; los verdes son más fieros y mayores.» Y de aquí el insigne camagüeyano dedujo la etimología del nombre del lagarto que analizamos, donde se ve que el color de ambos géneros sirvió para darles nombre; llamándose al verde ó verdadero cocodrilo bamba, palabra griega que significa tintura, y al pardo con pintas encarnadas caimán, palabra que sin duda tiene el mismo origen de carmín, con lo cual no estamos de acuerdo y proponemos al lector la siguiente teoría. La palabra caimán podría ser la combinación de la sílaba ca, muy probable de cannibal (canibal) y de la pronunciación del verbo inglés eat que significa comer y el sustantivo man del mismo idioma que significa hombre, por lo que inferimos, que a eso se referían nuestros Naturales, a aquellos comehombres” que los atacaban cada vez que se metían en el río o en el mar para empujar o enderezar sus canoas y que Cristóbal Colón, al describir a los aborígenes señalaba las cicatrices en las piernas y la falta de partes de sus cuerpos, además de llamarle la atención la azagaya con tizón en la punta o un hueso de pescado, la que utilizaban para defenderse, pinchándole los ojos. Colón en su delirio, entendía que se defendían de tribus de aborígenes antropófagos que venían de islas vecinas. En otras partes de su Diario de navegación o en las cartas que redactó, mencionaba hombres con un solo ojo en la frente, otros con cola y otros con cabezas de perros. Este animal, el caimán, fue quien alimentó la idea del Almirante, en crear en su mente un ejército de bárbaros que venían de otras regiones desolando las aldeas que encontraban a su paso como sucedía en Europa. Cristóbal Colón vivió un mundo real, seguro de sí mismo, pero con una imaginación fantasiosa desarrollada en el crepúsculo de una Edad Media, caracterizada por las grandes guerras y pandemias que desolaron al viejo continente. Un soñador con los pies sobre las olas. No se puede hablar de él, sino se menciona el mar y fue a través de la mar océano que descubrió las primeras islas que formaban parte de un continente, que en vida nunca supo, había descubierto. Cuando salió del estupor de lo que sus ojos veían por primera vez, describió a sus habitantes desnudos como las madres los trajeron al mundo. Fue aquí donde desparramó su imaginación alimentada por cuentos moriscos, africanos y asiáticos rodeados de fantasmas, brujas, sirenas y gigantes, estos últimos adquiridos de las aventuras de Marco Polo. Eran momentos de pura euforia, una mente delirante enfocada en encontrar reinados y reyes, abundantes vetas de oro y todo tipo de especias. Una mente frisando la locura quijotesca, que respondía a cualquier parecido con las palabras programadas en su cerebro, donde, si decían loro, entendía oro, si decían ley, entendía rey, si alguien exclamaba ¡Ay! Creía que decían Catay y así creyó en la historia de aquellos aborígenes, que ni idea tenemos de cómo se expresaban, a no ser lo que él mismo describió en su Diario de navegación, que lo hacían a través de señas y que indicaban que los imaginarios guerreros venían del este. Y fue así como erróneamente creó las tribus bárbaras, armadas, agresivas, que devoraban hombres a las que más tarde llamó Caribes. Los Caribes nunca existieron y quienes crean lo contrario, que lean y analicen de forma crítica La fábula de los Caribes, del escritor cubano Juan Ignacio de Armas. Los Caribes fueron creados por otro error de los mismos conquistadores, a los que más adelante le dedicaremos un artículo. Tengamos en cuenta que uno de los más afamados biógrafos de Colón, era el norteamericano Washington Irvin, pero se dice que con el Almirante viajó un irlandés, que de ser cierto, creemos que este dio origen a la palabra Caimán.

Carajo.

A estas alturas de mi vida para mí no existen malas palabras, o palabras obscenas, o vulgares ni siquiera malsonantes, pero no es así para todo el mundo. Ahora la mayoría de los cubanos, utiliza la palabreja carajo sin ton ni son, como si bebieran un vaso de agua y no sólo en el habla coloquial sino en cualquier medio de comunicación, aludiendo que es la canasta de la vela mayor del barco donde se siente con más intensidad el movimiento o balaceo de las olas, y donde acostumbraban mandar al marinero portado mal o sancionado (1). ¡Vete al carajo! o, ¡Vete a casa del carajo! Quienes esgrimen esta teoría desconocen el origen del vocablo, que nos viene del IndostánKar’h y el caló jar que significa orinar. Es el miembro viril (2). Si seguimos con la marinería, también nos aportó la palabra verga, con idéntico significado, que además es la percha donde se asegura una de las velas, y su aparente derivación el vergajo conocido como el pene del toro que después de cortado, seco y retorcido fue utilizado como látigo por la guardia rural. Todavía por los años veinte la palabra carajo era muy vulgar, esta especie de interjección castellana (que, dicho sea de paso, ignoramos porqué no figura en el DRAE, puesto que en él hay otras por el estilo), sin significado propio, en Cuba lo tiene y en muy mal sentido, porque aceptándolo muchos por sinónimo de “pene”, el intercalarla en una conversación, constituye una de las ofensas mayores para el que escucha (3). Ya la palabreja es aceptada por la Academia desde hace tiempo, donde aparecen los eufemismos carijocaray, surgidos para no mencionar a la otra, utilizados fundamentalmente por la gente del campo. Otro eufemismo idéntico a los anteriores, es la palabracaramba en la que Fernando Ortiz agrega, hemos sostenido que las voces eufemistas, como las apocorísticas, suelen tener sentidos olvidados, pero con una diferencia. Las primeras tuvieron un sentido decoroso, sano, recto, mientras las segundas fueron maldicientes, despectivas, irónicas. El propósito de su creación fue distintoen unas se quiso embozar una significación malsonante; en otras, al contrario, dar una impresión de desprecio para acentuar más, por ironía, el aprecio que la persona merece(4). En algunas partes del oriente de Cuba, para no mencionar carajo se apoca aún más el vocablo, y se dice cará. ¡Ay, cará!

(1) Wikipedia.
(2) El delincuente español. Vocabulario de Caló jergal. Autor Rafael Salillas. Madrid 1896. 
(3) Vocabulario cubano. Autor Constantino Suárez. Habana 1921.
(4) Glosario de Afronegrismos. Autor Fernando Ortiz. Habana 1924.


Corneta china.

Hace algún tiempo que vengo leyendo varios artículos de Santiago de Cuba, sobre el origen de la corneta china y el debate, si realmente es china o cubana, y terminan haciéndola santiaguera porque según ellos es símbolo peculiar de las congas carnavalescas. En tiempos de la colonia las dotaciones de las fincas de la  Isla de Cuba, se sintieron diezmadas por los constantes azotes del cólera llamado morbo asiático, a esto se sumaba la prohibición legal de la trata negrera y por tales motivos en la Habana se creó la Junta de Fomento, que creyó encontrar en los asiáticos a una raza fuerte capaz de resistir los rigores de un clima húmedo y ardiente para suplir la falta de mano de obra. En 1847, por primera vez la fragata Oquendo, trajo a nuestra tierra a 206 colonos asiáticos y la Dupec of Argile a 365. Ya para el 7 de febrero de 1853, las expediciones se disputaban el protagonismo por traer más braceros, entre las que se encontraban, los señores Villoldo, Wardrop y Compañía, las de Torices, Duperry, Pereda, La Alianza, Troncoso, Montalvo, Lombillo, etc, (1). Los traían de Manila, “Annoy” (?)*, Cantón, Macao y Whampoa, ya para 1873 habían entrado a Cuba 120 353 asiáticos (2). Estos colonos también conocidos por culíes fueron tratados como esclavos igual que a los negros y se unían a estos para celebrar el Día de Reyes, desfilando en sus cabildos y comparsas por las calles de la Habana. En aquellos tiempos la corneta además de ser el instrumento, también se le decía a la persona que la tocaba en el ejército español. El corneta hacía uso del clarín que era más pequeño y sonido más agudo, muy utilizado por los mambises, recordemos que aparece en la letra de nuestro himno, y además la frase famosísima para los cubanos “Corneta toque a degüello” y lo que tocaba era el clarín. Por eso creemos que la corneta china es una combinación de un extremo de corneta o clarín, un tramo de ácana, ébano o hueso a imitación de la flauta y la perilla elaborada de hueso o carey u otro material, que los chinos habaneros empleaban el Día de Reyes. Las comparsas de la Habana estaban formadas por congos (de ahí las famosas congas), mandingas, carabalí, arará, chinos, etc, con nombres como El gavilán, Los Congos libres, El alacrán chiquito, La culebra, El pájaro lindo, Congos de Chávez, Chinos de Venecia, etc, (3). La corneta china fue habanera y hoy en día cubana cien por ciento.

(1) Diario de la Marina. Artículo de El Marqués de San Miguel. 20 de abril de 1870.
(2) La prostitución en la Ciudad de la Habana. Benjamín de Céspedes. Habana 1888. Pág.  196-198
(3) Fernando Ortiz. Hampa Afro-cubana. Los negros brujos. Madrid 1908.
* Quizás Hanói, capital de Vietnam.
Nota: El vocablo clarín viene de claro. En tiempos de la colonia se usaba mucho la palabra clarinada de clarear el día, y a toque de clarín daban el de pie a las tropas.

Chicharrón.

Tal parecía que entre los vecinos y mi familia del barrio, competían para ver quien hacía el chicharrón de viento más grande. Y sí, los hacían grande, en un caldero lo movían constantemente con una paleta de buena madera dura, pero todos se quedaron chiquito, cuando en México, específicamente en Acapulco, vi a los chicharroneros hacer chicharrones de viento, aunque no lo llamen así, tampoco sin enroscar en caracol, como los de mi pueblo, sino estirados como una sábana lisa y vaya que son grandes, más o menos como un pañal de los que usan los niños. Además lo hacen meneándolo sin parar con dos palos. Todo indica que la palabra es castellana ciento por ciento. Que en Cuba, además de ser el residuo de las pellas del cerdo, después de derretida la manteca, era el nombre de un sinnúmero de árboles maderables, que ni vale la pena mencionar. También significa adulón y delator. Fernando Ortiz en su Catauro de cubanismo nos cuenta una curiosa historia sobre el chicharronero de los años veinte del siglo pasado. Hoy día no existen en Cuba puestos exclusivos de chicharrones. Los chinos con sus puestos de frutas y freidurías de pescado, bollos, etc., han abolido al chicharronero. Aún hoy, empero, se pregonan chicharrones, por vendedores ambulantes, junto con bollitos, tamales con pica y sin pica. En España la venta de chicharrones fue común en los siglos XVI y XVII. Hasta se imprimió un entremés anónimo llamado Los chicharrones (cita de Cotarelo), en el cual, atendiendo a que los moros no comen carne de cerdo, se dice graciosamente:
"Chicharrones vendo, niñas,
manjar de cristianos viejos,
que sólo la gente limpia
es la que come los puercos."
Y en México, a parte de comerlo crujiente, también lo comen en salsa roja elaborada con jitomate y chile serrano, en salsa verde con tomate verde y el mismo tipo de chile. Y aquí nomás mis chicharrones truenan. Aquí mando yo (locución que expresa como fanfarronada quien comete abusos), según Guido Gómez de Silva, en su Diccionario de mexicanismos.


Chilindrón. 

En mi casa se hacía bastante chilindrón y lo recuerdo con la carne de chivo como un estofado, pero nunca con las vísceras ni tipos de carnes de otro animal. Tenía un sabor picantico porque le echaban pimienta, pero crecí siempre con la duda, ¿dónde jugaba el chile en el origen de la palabra? El vocablo o el guiso aparecieron en los comienzos de la República, introducida cuando la intervención norteamericana que duró tres años, porque el mexicano Guido Gómez de Silva en su Diccionario breve de mexicanismos, nos aclara que chili, nos viene del inglés, abreviación de chili con carne, del español chile con carne, plato del suroeste de Estados Unidos (territorio mexicano hasta 1845-1848), hecho de carne de res molida, chile picado y especias, que se sirve con frijoles. Sí, estoy consciente que el chilindrón que conocemos no lleva carne de res molida ni frijoles, pero es que el estofado se fue cubanizando. Con razón Pichardo no la recogió en ninguna de sus ediciones ni tampoco el cubano Félix Ramos y Duarte, en su Diccionario de mexicanismos, edición del primero de enero de 1895. Suárez, en su Vocabulario cubano, ya por el año de 1921, tenía que tener alguna razón al plantear que el chilindrón era un estofado muy sustancioso con la carne de cerdo, y particularmente de carnero, partida en trozos. Y que además del rico estofado, significaba negocio sucio, especialmente si tiene relación con las cuestiones del Estado. "Es un político muy aficionado o a quien gusta el chilindrón". Asegurando que era desconocida su acepción castellana. Fernando Ortiz en su Catauro de cubanismos, dos años más tarde, comenzaba señalando que la Real Academia da a este vocablo una acepción única, minuciosamente explicada, que se desconoce en Cuba. Y dudando expresaba, en Cuba, nos dicen unos, que, significa las vísceras comibles del chivo; y otros que el conjunto del chivo, y otros, en fin, que el cordero, no el chivo. Agregando sobre la otra acepción, de ahí que se use el vocablo como sinónimo de chivo, cuando este significa chanchullo o negocio poco limpio. Al alcalde le gustaba el chilindrón. Nos dicen que chilindrón es voz vizcaína. Y tres años más tarde, en 1926 Juan Marinello en su Guacalito de cubanismos, rectificaba a Suárez en cuanto a la carne de cerdo y particularmente la de carnero, aclarándonos,hay en esto bastante error. El plato llamado chilindrón se hace casi siempre con cabrito o chivo y a eso se debe que el negocio turbio (chivo) se le llame corrientemente chilindrón. En la actualidad la palabra chilindrón se mantiene hoy en día como el estofado hecho de chivo, aunque hayamos cubanos que nos guste con bastante chile. El otro concepto se perdió con el paso de los años, cuando más debería usarse en nuestro tiempo.

Chivichana.
La chivichana, hoy en día es una plataforma de madera montada sobre cuatro ruedas y con el eje delantero móvil, que quien la conduce tira de una cuerda, tabla o una varilla de metal en forma de “U”. Para los habaneros es el carro de la gente de a pie,  con el que resuelven trasladar cualquier cosa, desde un tanque de cincuenta y cinco galones lleno de agua, hasta casi un metro cúbico de cualquier material, bloques, ladrillos, etc. También la utilizan los muchachos para deslizarse fundamentalmente desde una loma pavimentada de una calle o avenida. ¿Pero que significaba cuando la república? Juan Marinello, nos plantea que según Ortiz, era una rifa o juego clandestino y agregaba que se le da el mismo nombre a cada una de las fracciones del "billete" clandestino. Estamos hablando de los años veinte del siglo pasado.

Cocuyo.

Ya Pichardo desde 1836, nos describía el insecto que en estaciones de aguas pueblan los campos, ofreciendo tres luces fosfóricas. Se mueven en direcciones inconsistentes pareciendo estrellas volantes. La caña dulce y la lumbre los atraen, se alegran echándolos un rato en el agua, sirven de adorno, recreo y luz, conservándose en cocuyeras,que José García de Arboleya, en su Manual de la Isla de Cuba, pág. 172, después de decir lo mismo que Pichardo, argumentaba que la luz era suficiente para leer una carta, y esto los hace un recurso precioso para los amantes. Las damas suelen llevarle en su pañuelo de mano y aun al pecho. Eso me hizo recordar que siendo niño viví algún tiempo cerca de una marina, en un bohío rodeado de mangles y cañaverales, por supuesto sin ningún tipo de electricidad, y veía a mi padre agujereando güiras para hacer cocuyeras y llenarlas de cocuyos, que iluminaban la noche con una luz azulada de gran intensidad. ¡Era hermoso! Luego viviendo en el pueblo, debajo de las luces fluorescentes que atraían cantidad de insectos, jugábamos al salto del cocuyo, pidiendo un deseo si mal no recuerdo. Las cocuyeras fueron muy utilizadas por los esclavos, los guajiros y los mambises. Con el devenir del tiempo la palabra cocuyera se reconoce como un tipo de lámpara que por sus caireles reflejan la luz.


Cuba (Maya).

¿La Isla de Cuba se llamó Maya? Sí la llamaron Maya, en algún momento de su historia, pero no porque los mayas vinieran de Yucatán, sino porque los europeos llamaron mayas, a los nativos que huían después de incendiar el Fuerte o Villa de Navidad, construido con parte de la madera y clavos de la nao Santa María, que en artículos anteriores planteamos que Maya, significaba María y que fue el mismo Antonio Bachiller y Morales, quien lo afirmaba en sus escritos (Ver nuestro artículo sobre Mayanabo o Marianao). Este ilustrísimo habanero nunca logró asociar el vocablo Maya con el nombre de la nave Santa María, si lo hubiera hecho, sería otra la historia, porque talento y renombre le sobraban, pero sus sentimientos patrióticos se impusieron, al ser parte de una corriente siboneyista formada por una pléyade de intelectuales, en su mayoría, miembros de las sociedades económica y patriótica, habaneras. Justo Zaragoza, escribía aquí el fenómeno de que hayan existido poetas siboneyes que intentaran crear una literatura exclusiva con los elementos del idioma castellano, las reglas castellanas y la paternidad de Castilla (1), y luego de forma sarcástica, estossiboneyistasarrastrando una parte de la juventud cubana de entonces, inconsciente y otra deliberadamente por las corrientes del que podemos llamar siboneyismo, y empezó á moverse y á exaltar su imaginación con los heroicos y primitivos sucesos de la isla, así en la personificación de sus Leyas adornadas con diademas de plumas de guatiní ó tocororo, sembradas de chagualas (2). El egregio habanero don Antonio Bachiller, dedicó gran parte de su tiempo y de su obra a luchar contra la general opinión de que los indios de Cuba procedieran del Yucatán (3), y tenía razón pero se equivocó” de origen e itinerario, al igual que nos equivocamos todos los que creíamos que los mayas eran un imperio precolombino. Y seguía Bachiller, en vano vi en la obra moderna de Jean colocadas las Antillas mayores entre los dialectos mayas: Haití, Cuba, Puerto Rico y Jamaica, de la familia maya quiché.” 

Cutara.

Mi madre me amenazaba con la cutara para darme un cutarazo. Mi padre hacía lo mismo pero con las chanclas de palo y a Bebe mi vecino de patio, lo amenazaban con una chinela. A la cutara se le decía fundamentalmente a cualquier sandalia de mujer o a las que le dicen “mete dedo” y de vez en cuando a la mismísima chancla. La chancla no era más que una tabla con forma del pie y una cinta de tela, hule o goma que cubría el empeine y se utilizaban para bañarse, provocando muchos resbalones y caídas en los pisos de baldosas. Y llegué a la Habana, diciendo cutara o chancla y volví a ser el hazme reír, porque allá se le dice chancleta desde los tiempos de Ñaña Seré y la palabra cutara simplemente no existía para ellos. ¡Hasta el baile de las chancletas tienen los habaneros!, para mi gusto muy bello cuando está bien sincronizado, tanto en movimientos como en el sonido. Sin embargo también la palabra cutara era tan añeja como la chicha. Cuando vamos al Diccionario de Pichardo, nos aclara que cutara, es igual que chancleta en la parte oriental. No cotara. Y refiriéndose al cutarazo, que es lo mismo que chancletazo, al golpe dado con la cutara. Suárez en su Vocabulario cubano, ve la palabra cutara como un cubanismo de algún uso en la región oriental, por chinela o chancleta. Y que su etimología era voz caribe, según Zayas. Veamos el significado de cutara, del ilustre don Fernando Ortiz, en su Catauro de cubanismos. La chinela o pantufla. Suárez atribuye a Zayas una etimología caribe. Creemos que Zayas no se metió en tales honduras, aparte de que el vocablo parece taíno, del aruaca Kotiro, pie. Y, además, Bartolomé de las Casas en su Apologética dice textualmente: “cotaras o cacles, que era lo que traían por zapatos, que solo tienen suela de cierto hilo y con ciertas agujetas de muy bien adobado cuero con que se le atan o son muy bien hechas. En la lengua de esta isla Española se llamaron cotaras, y cacles en la de México (1). Entonces según los ilustrados la palabra cutara no es mexicana y sí, es lo mismo que chinela, pantufla, chancla y chancleta.

(1) Agujetas son las correas o cintas para sujetar algunas prendas de vestir. En México se le dice así a los cordones de los zapatos.


Guagua.

La verdad que nunca imaginé que la palabra “guagua” fuera a llamar tanto la atención. Cuando era niño le llamábamos guagua o mariquita, al insecto semiredondo de color rojo con manchas negras, además al autobús que nos llevaba de Media Luna a Manzanillo. Sin tener la menor idea que la palabra autobús fuera “un aféresis de la palabra latina ómnibus, que según Wikipedia deriva del dueño de una tienda de sombreros, Monsieur Omnès, quien con un juego de palabras llamó a su tienda “Omnes Omnibus”. La misma estaba situada frente a una de las primeras estaciones de carruajes en Nantes, Francia, en 1823. Omnès es la resonancia en latín de omnes que significa “todos” y omnibus “para todos”. Los ciudadanos de Nantes poco después le dieron el apodo “Ómnibus” al vehículo. Cuando el transporte tirado por caballos fue motorizado a partir de 1905, el ómnibus fue llamado Autobús, un término, que al igual que ómnibus, todavía se utiliza”. En esos tiempos era muy común ver las guaguas americanas antiguas muy cerradas y medio redondeadas en su parte trasera, con un motor enorme que dividía al chofer de la puerta por donde subían los pasajeros, pero había un tipo de guagua que daba viajes del poblado Media Luna a las zonas rurales, con la forma de un camión ruso marca Zil y de una caja cuadrada en la parte trasera donde iban los pasajeros, que le decían  “la maricona”, porque había una puerta que la abría a la mitad.  Después se fueron haciendo comunes las guaguas marca Robur de fabricación Checoslovaca con la forma de un pepino, las guaguas Leyland, inglesas, que por cierto, fue el nombre de algunas muchachas de mi generación. Luego las guaguas marca Hino, japonesas, muy modernas de gran confort con respecto a las anteriores. Las guaguas Ikarus, de fabricación húngara. Las llamadas pastillas de jabón, marca Girón de fabricación cubana, hasta llegar al engendro de la rastra militar convertida en ómnibus con forma de dromedario, apodada el camello. En cuanto al origen de la palabra, ya veremos más adelante porque no se trata de cantar y cantar.


Guaricandilla.

A los cubanos de hoy, cuando escuchamos la palabra guaricandilla enseguida nos viene a la mente, la mujer ligera, revoltosa, o como bien dice el DRAE, en su segunda acepción, la prostituta. Algunos no teníamos ni la más remota idea, que primero fue utilizada para designar al hombre afeminado. La palabra torció su significado provocando que el machismo defendiera al homosexual ¿Será para apartarla lo más que pudiera de su género? Constantino Suárez en su Vocabulario cubano, afirmaba que se le decía a una persona de la plebe, informal y revoltosa, don Fernando Ortiz, en su Catauro de cubanismos expresa que significaafeminado, aclarando que esta acepción primitiva se va perdiendo. Esto es alrededor de 1923. Y después de ahondar en su etimología, prosigue que este vocablo aplicado a varones, por no merecerlo éstos, ya que renuncian a su sexo, no se atreve a llevar una desinencia masculina en o, que sería en este caso impropia, y adopta la femenina. No se dice un guaricandillo. Y en su Glosario de afronegrismos continúa sino un guaricandilla”, como se dice bienun gallina”. Juan Marinello en su Guacalito de 1926, nos aporta, que en Cienfuegos hemos oido llamar a esa clase inferior “pejera” y también “gente de orilla”. Y que en Oriente: guariminica, guititía, guari-guari, camuchima. etc.



Guari-guari.

Esta combinación de vocablos en boca del bajo mundo delictivo, tomó relevancia a partir de una serie que se transmitía por la televisión cubana, pero veamos de donde nos viene. En la edición de 1949, del Diccionario de voces cubanas de Esteban Pichardo, plantea Guari-guari.-V. y N. s. m.- Generalmente entendido en esta Isla (Cuba) sólo usado para con el negro recién llegado de Guinea en significación de hablar o charlar. ¿Del inglés to Word?. Después de reconocer que esta combinación de vocablos, la recogió Pichardo, Fernando Ortiz, en su glosario de afronegrismos, nos aclara que el verbo to word no existe en inglés, pero que el sustantivo word, significa “voz”, “palabra”. Y prosigue; Quizás no sea desacertado imaginar una voz de acción verbal, por la duplicación del guari, que nos trajo el guaria, y el guaricandilla. GUARI-GUARI equivaldría así a “cacareo”. Y se aventura el ilustre antropólogo cubano: O mejor dicho será pensar que procede directamente del lucumí o yoruba sohwerewere “charlar”, “hablar mucho sin ton ni son”, “cotorrear”. (Crowther, 167.) En la jerga habanera y me imagino que en varias provincias siga significando lengüilargo, delator o chivato.


Guateque.

Don Fernado Ortiz, plantea en su Catauro de cubanismos, que Armas dice que guateque, tal vez se deriva del arábigo huad, mano. Lo que continúa no lo dice Armas, quien lo agrega es Ortiz, porque es baile de la gentualla en que se suele llevar el compás con la mano. Zayas cree que es voz caribe. No convencen ni uno ni otro. Falle un tercero. Nos arriesgamos. Creemos que guateque nos viene de la palabra guataca, que según Pichardo desde 1836, da el significado de oreja grande y tosca, sinónima de azadón. Si a la azada o azadón, ésta última es como se le dice en la zona oriental, se le quitara el astil o cabo de madera, quedaría el metal, cuya forma asemeja a una oreja grande como la del elefante. Este metal era el que utilizaban los negros, al igual que el cencerro de las bestias, la quijada de caballo, para percutir, etc, y llevar el compás con las manos, cuando se reunían en sus cunas o tangos para bailar, que al principio eran sólo para negros bozales (nacidos en África), luego en los changüí, que eran bailesillos y reuniones de gentualla a estilo cuna, Pichardo mantuvo que era lo mismo que guateque. Nos imaginamos que ya aquí participaban los negros criollos. Una vez que los negros dejaron de ser esclavos, los ya convertidos en guajiros, se reunían junto a los guajiros blancos y formaban los guateques campesinos en los que se cantaba y bailaba, quedando en desuso las palabras, cuna y tango, sobreviviendo hasta nuestros días la palabra changüí (africanismo según Ortiz) como baile popular y género musical. La palabra guateque no es voz caribe, tampoco creemos que sea un afronegrismo, más bien un cubanismo derivado de la palabra guataca o azadón. Recomendamos la lectura de la palabra guataca, recogida por don Fernando Ortiz, en su Glosario de afronegrismos de 1924.

Nota: El grabado lo tomamos del Glosario de afronegrismos, de Fernando Ortiz, 1924.


Habanera.

Cuando los conquistadores descubrieron al Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492, nos llamaron indios sin serlo y después de tantos nombres a nuestra isla, el de Cuba prevaleció por encima de los demás, pero los colonialistas persistieron en anteponer siempre al nombre de nuestra patria el de isla, prefiriendo así su carácter geográfico al político (1). Desde entonces se conoció durante siglos como la Isla de Cuba porque con el nombre solo de Cuba, se distinguía a la ciudad oriental de Santiago. Así podemos darnos cuenta desde la primera edición del Diccionario provincial casi-razonado de voces y frases cubanas de Esteban Pichardo hasta la última de 1875, que el autor en la palabra Cuba no hizo referencia a la patria porque según el barón Alexander von Humboldt al distinguir las divisiones de la Isla en eclesiásticas, político-militares y de rentas en 1827, precisa, el gobierno de Cuba comprendía a Santiago, Baracoa, Holguín y Bayamo (2). Si no se tiene este concepto claro cuando se leen algunos libros publicados por autores durante la primera mitad del siglo XIX, fundamentalmente, no comprenderán por qué al mencionarse la palabra Cuba se referían a lo relacionado con la provincia oriental. Lo único que no pudo lograr el español en la isla de Cuba fue un indio, un negro, un chino, un zambaigo (zambo, hijo de negro e india, o de indio y negra, o nacido de chino e india, o de indio y chinay por supuesto un español, sin embargo logró al mestizo nacido de padre y madre de raza diferente, en especial de hombre blanco e india, o de indio y mujer blanca. Al mulato, hijo de blanco y negra o viceversa y también de blanco y mulata y la descendencia que tenga algo de negro en su origen, o de chino. Al cuarterón, hijo de mulata y blanco o viceversa. Al ochavón, hijo de cuarterón y cuarterona, o de cuarterón y blanca; y viceversa del que pudo salir el jabado. También logró al criollo, no al principio porque en su orígenes esta palabra era más bien recogida como vocablo de negros, además de significar persona nacida en la tierra y que no venía de otra parte, en oposición al negro traído de África, apareciendo la palabra entre otros escritos en el poema Espejo de Paciencia, exactamente el 30 de julio de 1608, señalando a Salvador como negro criollo. Luego por el año 1627, en el vocabulario de las Noticias del Padre Pedro Simón, el adjetivo, también es recogido como vocablo de negros, pero con el pasar del tiempo la palabra se españolizó y según Pichardo, era por excelencia la persona blanca nacida en el país con relación a la europea y al hijo de ese criollo blanco, se le llamó criollo rellollo y es que desde mil setecientos sesenta y dos cuando la Toma de la Habana por los ingleses hasta la primera mitad del siglo diecinueve, aún no se había definido con todo el fervor patriótico el concepto de identidad, por eso cuando encontramos la palabra cubano en la primera edición de 1836, don Esteban Pichardo, se refiere a la persona o cosa natural o perteneciente a la ciudad de Cuba, (Santiago) y algunas veces también a toda la isla o cualquier parte de ella, y ya para las ediciones de 1849 y 1862, el autor hacía una ligera variación refiriéndose a la persona o cosa natural o perteneciente a la Isla de Cuba, si se trata, de comparaciones o relaciones ultramarinas, y la persona o cosa natural o perteneciente a la ciudad de Santiago de Cuba, si se trata de comparaciones o relaciones con los demás pueblos de la Isla. En medio del siglo XIX, primero con los desembarcos de Narciso López, creador de nuestro escudo y bandera que puso hondear por primera vez en la ciudad de Cárdenas y luego con el alzamiento de los mambises en 1868, con el grito de ¡Cuba libre! se fue definiendo poco a poco el concepto de cubano hasta el 12 de junio de 1901, donde en la Habana se firmó la Constitución, llamándose en el artículo dos, República a la Isla de Cuba y en el artículo cuatro, cubano al nacido o naturalizado. Y como en todas las cosas que se imponen por ley, todavía para 1921, Constantino Suárez (Españolito) daba el significado de cubano o cubana a las personas nacidas en Santiago de Cuba,hoy se dice generalmente y con muy buen acierto, santiaguero, ra (3), porque antes, según la primera edición de 1836, del Diccionario provincial casi razonado de voces cubanas, de Esteban Pichardo, santiaguero, ra era la persona o cosa natural ó perteneciente á la ciudad de Santiago en la parte occidental, pero en las ediciones de 1849 hasta 1875, definía a la persona o cosa natural o perteneciente a Santiago de las Vegas en el Departamento Occidental. Aprovechamos para explicar por qué a la contradanza criolla se le conociera como habanera en la península europea, igual que al tabaco o puro, habano y no contradanza cubana ni tabaco cubano, porque la Habana era más conocida en Europa, que el nombre de Isla de Cuba.

Bibliografía.
(1) Un catauro de cubanismos. Fernando Ortiz. Apuntes Lexicográficos. Extracto de la Revista Bimestre Cubana. Habana, Calle L, Esquina A 27a. 1923.
(2) Ensayo político sobre la isla de Cuba. Alexander von Humboldt París 1827. Pág. 92.
(3) Vocabulario Cubano. Constantino Suárez (Españolito). Habana 1921.


Habanera. (Música)

A la canción La paloma, escrita por el compositor español Sebastián de Iradier y Salaverri, en tránsito por la Habana, le pasó lo mismo que a la guayabera, donde algunos españoles, mexicanos y cubanos, se atribuyen su origen. Aunque la comparación a simple vista parezca grotesca, ambas poseen un elemento que interviene directa o indirectamente en cada una de ellas y quizás da pie, a tales confusiones, nos referimos al adjetivo guachinango, al cual le dedicamos un artículo (Ver, Guachinangos en la Habana) y mencionado en otros, y que en la Isla de Cuba, se le decía de forma despectiva a las personas oriundas de México y metafóricamente, a la persona astuta, zalamera o lisonjera con interés. La guayabera no era más que una prenda de vestir, ideada y confeccionada en territorio cubano, a partir de la chaqueta militar del ejercito español, fundamentalmente del uniforme rayaditos, utilizado por el Cuerpo de Voluntarios, los cuales eran nutridos por una gran mayoría de guachinangos, que en algún momento la trasladaron a Yucatán. En el caso de La paloma, es una canción a ritmo de habanera” compuesta por un español en la Habana y que en su letra menciona a una linda guachinanga” y tal vez por eso, da pie a la errónea atribución mexicana. Ojalá y no pase como Cielito lindo, una canción mexicana, inspirada en una guaracha cubana.

Hamaca.

¿Qué decir de las hamacas? ¿Sabían nuestros nativos tejer o hacer nudos? En algunos pasajes del Diario, Colón menciona las redes de pescar que sus hombres lanzaban a la mar. No es más lógico pensar que aquellas redes, en algún momento las utilizaron los castellanos, colgadas de dos árboles para dormir en ellas y evitar los suelos húmedos, que reafirma Oviedo. Solo dos cosas para no recurrir a la disertación del cronista, el trancahilos y la humedad del piso. Todos, los treinta y nueve hombres que quedaron en el Fuerte de Navidad, en la isla La Española, eran hombres de mar, los que sí sabían tejer y hacer nudos y quizás enseñaron dichas artes a nuestros nativos.
¿Cuántas veces el Almirante, reiteró en su Diario, en la etapa que llamamos naturales a nuestros aborígenes, que andaban como las madres los trajo al mundo, muchos cargados de algodón, y más adelante, mencionaba las pampanillas que algunas indias usaban para cubrir sus naturas? ¿Sabían los naturales, tejer el algodón? Creemos que no. También entre aquellos 39 hombres, había un sastre. ¿Qué no pudo hacer un sastre con la inmensa cantidad de algodón que ellos tenían? ¿Y qué algunos indígenas lo enredaran en forma de rueca como se hacía en Castilla? ¿No sería esto uno de los tantos anacronismos? ¿No podía el sastre enseñarles primero a hilarlo? ¿No podía el sastre y los demás hombres de mar, enseñarles a hacer las cuerdas o cabuyas? ¿No podía el sastre adiestrarles en el trenzado de esas cuerdas? ¿No podrían ser esos marinos los que los enseñaran a hacer todo tipo de nudos para crear la malla de las redes que luego convirtieron en hamaca. ¿No sería más creíble que fuera el sastre quien atara al tronco de un árbol el trancahilos (que menciona Oviedo) con hilos, cuerdas o cabuyas, y con una regleta, creara los primeros artefactos tejedores en aquellas tierras recién descubiertas? ¿No es mejor creer que fue ese sastre quien enseñara a los nativos a tejer los llamados petates a partir de las fibras o yarey de las palmas? Cada vez que Colón se refería a los alfaneques o bajareques de las casas de los indios, aseguraba que estaban limpias y vacías. Ni dormir ni sentarse sobre algo, era costumbres de los aborígenes, por lo menos antes del Fuerte de la Navidad. La humedad del clima le hacía mucho daño a los treinta y nueve peninsulares, y ellos para evitar enfermarse, quizás entre dos troncos de árboles levantaron los pedazos de lonas de las velas de la encallada nao Santa María y quien no duda de que alguno de ellos lo hiciera con tramos de redes, sintiendo más fresco el ambiente a través de la malla, pero ellos necesitaban las redes para pescar y quizás ordenaron al sastre hacerlas de algodón, y éste enseñara a tejer a un grupo de indios. En cuanto a la etimología Don Fernamdo Ortiz, en su Catauro de cubanismos, pág. 136, comienza escribiendo:Hamaca.—El Diccionario de la Academia dice que esta voz proviene del holandés hangmat, cama suspendida. Oviedo dice terminantemente que los indios de la Española llamaban hamaca a sus camas... Y en el último párrafo agrega que la etimología holandesa es aventurada. No creemos que en los tiempos de Oviedo, pudiera éste conocer las voces holandesas, si es que entonces ya tenían tal aplicación y se conocía el objeto; lo cual no parece deducirse de la satisfacción con que Oviedo describe las hamacas y las recomienda a los ejércitos europeos. Los demás historiadores de Indias siguen, a Oviedo. Nosotros tampoco la compartimos, pero cuando visitamos a Pichardo, éste introduce una controversia con el vocablo hamo por jamo, donde nos dice Hamo.—N. s.m.—Voz mui usada aquí con J, Jamo, y que seguramente viene de la latina Hamus. Especie de red en forma de manga ó colador que remata en punta y la boca es un aro grande para pescar. Rodríguez Herrera, en una de las fichas del DRAE nos aclara, que en Cuba se usa el jamo para pescar jaibas en las orillas de los ríos o del mar. Creemos que jamo es una corrupción generalizada dehamo, pero de una forma u otra, tienen que ver con la red de pescar y con este vocablo de hamo del latino hamus, también pudiera por deformación surgir la palabra hamaca. Es toda una suposición.


Jigüe.

En mi pueblo cuando éramos niños no salíamos del río Vicana, siempre pescando o bañándonos, pero alertas por si encontrábamos al jigüe, con j, para gritarle: ¡Jigüe te vi primero! y así el fantasma que también teníamos como moringo, desaparecía. Lo contrario, si te veía primero se llevaba a uno con él. Por suerte nunca vi al duende que lo imaginábamos de distintas formas. No hace mucho, para incluirlo en una de mis novelas lo describí, así: ve salir entre la yerba de paraná, a un negrito de ruinosa figura, cabezón de orejas rectas, cabellos grifos y aleznados del que cuelgan el limo y el cieno, y algunas que otras tiras de algas enredadas sobre los ojos de nubes hinchadas, la boca grande que al reír enseña el garguero aprisionado por los dientes blancos a modo de barrotes, un ombligo como pezón en la enorme barriga que cae en parte, sobre las piernas cortas como troncos de árboles torcidos. Ahora, ¿desde cuándo se habla del espíritu fantástico? Lo encontramos como Jigüe, en Pichardo desde 1836, después de aclararnos que era epiceno, se refería a losnegritos brujos que algunas personas vulgares de Bayamo dicen suelen aparecerse en su río. También hacía referencia al nombre de un árbol. Ya para la próxima edición de 1849, registra la palabra güije, pero invita a ver el otro vocablo, donde ya no solo es un negrito africano ni solamente bayamés, sino un enano o pequeñísimo indio que el vulgo cubano decía salir de las aguas, ríos o lagunas, color casi moreno y con muchos cabellos, enamorado y juguetón. Mantiene el concepto en lo de Bayamo pero desnudando al negrito brujo. Y agrega, en el Departamento central dicen güije. Fácil es equivocarse, quedando luego autorizada la trasposición de las letras, como sucede en Bagazo y Gabazo, pero el vocablo Jigüe puede confundir su significación con otra vegetal, no así güije. Y que jigüe es el árbol llamado jagüey, manteniéndolo hasta la edición de 1875. Constantino Suárez, en 1921, apoyado en Pichardo, lo relata como  güije. Corrupción, por metátesis, de jigüe. Véase. Jigüe. La tradición de supersticiones populares ha dado este nombre a un fantasma que, al parecer, se presentaba en forma y figura de indio enano, con cabellos largos, que surgía de las aguas de algunos ríos. Aún hay gente en la comarca oriental que relatan sucesos de jigües. Como cosas reales. (Et.Voz caribe, Zayas). Don Fernando Ortiz, en su Glosario de afronegrismos copia lo mismo que Suárez, pero en su Catauro de cubanismos, antaño a los negritos le decían “Parece un jigüe”, lo que le dio pie para dar con el duende en la selva africana, y confirmar su teoría de negrito de raza, basándose en la persistencia folklórica del negrismo del jigüe en Bayamo y las Villas, concluyendo que Jiwe, o sea jigüe, se dice al “mono” en lenguaje del Cameron o de los negros calabares (Johuston, 703) y sabido es que mono”, “diablo” y “duende” han cambiado sus nombres en África. Entonces tenemos que el gnomo cedió su nombre dejigüe al árbol para luego llamarse güije como quizás lo hacían en la región central y perece que en la occidental.

Nota: En mi opinión la palabra ñeque, no es un vocablo ñáñigo, como cubanismo, dícese en algunos lugares a la persona que tiene mala sombra al decir del pueblo, o que es anuncio de desgracia: “Pedro no tiene amigos porque está acreditado de ñeque”. Como un americanismo, al individuo que se tiene por valiente y es provocador; perdonavidas, como se dice en España: “Horacio se tiene por ñeque”. Así lo definía Suárez en su Vocabulario de cubanismos, en 1921, pero antes en 1917, lo hizo Ortiz, en su libro Los negros brujos, dándole un carácter africano, aclarando que lo hacía a título de hipótesis.


Mamón.

A la chirimoya en la parte oriental la llamamos mamón, es decir a la fruta con semillas rodeadas de pulpa y piel bastante lisa, no como el anón ni tampoco tiene nada que ver con el mamoncillo o anoncillo, como se equivoca el Diccionario de la Real Academia, en la palabra mamón, al mantener actualmente el concepto del primer cronista, casi dos siglo después de aclarado por Pichardo y uno más, por Constantino Suárez. Quizás el significado del cronista era correcto en su tiempo pero no para el siglo XX y menos el siglo XXI. Así lo recogió don Fernando Ortiz, es fruta la del mamón o mamoncillo, tal como la describe Oviedo, que para comer su carnosidad hay que colocarla entera entre ambos labios, para quitarle la carnosidad con los dientes; ello hace que los labios se prolonguen hacia adelante, que estiren las bembas, en la actitud que adoptan los niños para mamar el pecho materno. Y por eso, sin duda, se llamaron mamones o mamoncillos, según clase y país. Hoy nada que ver en Cuba. Ese es el mamoncillo o anoncillo. Pichardo en 1836, diferenciaba la chirimoya del mamón por tenerla cascara coloraduzca y ser algo más grande. (Annona Humboltiana). Cuando encontramos la palabra mamón en la misma edición de su diccionario plantea que es de figura acorazonada, cáscara amarillosa oscura o bruna en su madurez y lisa, en lo cual se distingue mayormente del anón; aunque por dentro es parecida, azucarada y con distinto sabor, (annona glabra). Suárez lo explica mejor. Lo que nos extraña que ni El Españolito ni Marinello, recogieran el concepto de chirimoya en sus respectivos Vocabularios.


Marianao.

Cuando leí en el libro Cuba Primitiva, que el barrio de La Habana, llamado Marianao, se llamó Mayanabo y que había constancia de actas en los archivos, seguí muy atento la explicación de Antonio Bachiller y Morales, su autor, donde aseguraba que Maya significaba María y nabo por deformación era nao. Sólo con esto último no estamos de acuerdo porque nabo, además de significar el madero que sostenía la verga de un barco, también en una de sus acepciones significa nave, y por eso su nombre actual Marianao y que buscando la etimología, era la pérdida de una nao que tenía a una mujer llamada María. Creo que el sabio habanero no se detuvo a pensar en el origen de la palabra donde bien podía ser la nao con el nombre de María, y nos referimos por supuesto a la nao Santa María, que encalló, y con parte de su tablazón el Almirante ordenó construir el Fuerte de la Navidad, al que bautizó así por ser el día del nacimiento del niño Jesús. Qué casualidad que para hombres bien imbuidos en la fe cristiana, ocurriera tal coincidencia. Junto con Cristóbal Colón viajaba y así quedó registrado, un portugués, además el Almirante aparte de ser genovés y dominar su propio idioma, aprendió el portugués primero en el cual le expuso a Juan II, rey de Portugal, su ansiado proyecto, que le fue denegado y más tarde medio aprendió el castellano con el que se presentó ante los reyes Católicos, obteniendo los resultados que conocemos. Porqué insisto en lo de portugués, pues simplemente en el mismo libro Cuba Primitiva, Bachiller nos aclara que Maya proviene de ese idioma, como mae, que significa madre. Hasta aquí sobrada razón para considerar que Mayanabo, nos viene de la combinación de los dos vocablos, y de ahí Marianao.


Mayohuacán.

Tenemos el tambor, que los nativos, o un portugués, o varios de los castellanos que hablaban portugués, lo llamaron mayohuacán o mayoquenque a partir de Maya, en honor a la Virgen María, porque todo giraba alrededor de la casualidad del encallamiento de la nao con el nombre de la Santa María y la fecha del nacimiento de su hijo Jesús, ocurrido en el Fuerte de Navidad. Y ¿acaso no existía, un marino tonelero, con el nombre de Domingo, entre aquellos treinta y nueve hombres, especializado en darle curvatura a las tablas de los toneles o barriles, y que como mismo hacían las canoas, podían ahuecar un tronco de la palma para elaborar el cuerpo del tambor que al principio solo contaba con un agujero rectangular y carecía de parches por ambas caras y era percutido con otro pedazo de madera, y lo más probable, guiados por los que ya existían en Guinea o cualquier otra parte de África, y que más tarde lo fueron mejorando al utilizar la piel de sus jubones o botas para los parches y lo elaboraran del árbol María (Maya), bautizándolo con el nombre de mayohuacán o mayoquenque. 


Pargo.

El pargo, la cherna y el pájaro, fueron las palabras que representaron la homofobia mambisa hacia los yucatecos y los campechanos que se alistaban como voluntarios al ejercito español. El cubano por herencia española es calificado como machista y muy dado al choteo ofensivo. A modo de entendimiento, la palabra manera, según el DRAE está en desuso, pero hacía referencia a la abertura lateral en las sayas (entiéndase faldas) de las mujeres, para que pudieran pasar las manos hasta alcanzar las faltriqueras, que eran los bolsillos de las prendas de vestir a la altura de las caderas. Al hombre que llevaba las manos a esa altura y las“partiera”, o no, le llamaban amanerado, lo mismo sucede con el vocablo flojo, que en Cuba significa hombre homosexual. La presencia de yucatecos y campechanos en la Habana, (Leer el artículo sobre ellos) data desde 1564, y desde 1763 hasta el comienzo del siglo XIX mantuvo dividida la ciudad en dos mitades: El barrio de la Punta o Catedral, y el barrio de Campeche. La migración de yucatecos y campechanos hacia la Isla, fue aumentando a través de los siglos, ya fuera en forma de esclavos, prisioneros o colonos, dispersándose por toda la colonia, hasta la zona oriental, donde por su número dieron nombre al poblado de Campechuela, diminutivo de Campeche, según Fernando Ortiz (y no, por la existencia del palo campechano), hoy municipio de la provincia Granma. A esos yucatecos, campechanos y a cualquier mexicano, la sociedad habanera los llamó de forma despectiva, guachinangos (Leer el artículo sobre ellos). El significado de la palabra guachinango, también estaba relacionada con el pez pargo, al que el erudito Felipe Poey lo clasificaracomo“Campechanus Poey”(1). Y lo mismo, con el pez cherna, dícese a la meretriz. (prostituta). Tiene la aceptación castellana, con que se distingue el pez "mero", que en Cuba no se conoce por este nombre (2). Existiendo una especie de cherna, lallamada cherna yucateca (3). Por lo que en la Habana, aún en la actualidad se le dice pargo o cherna al homosexual. ¿Y qué tienen que ver estos peces con la homoxesualidad? Pues de la palabra, guachinango (yucatecos y campechanos), deriva el adjetivo, aguachinangado, que según el Diccionario provincial casi-razonado de voces y frases cubanas, de Esteban Pichardo, signicaba, amanerado en costumbres, hechos o dichos a semejanza del Guachinango, por sus ocurrencias, zalamerías, o modo de hablar contractivo y silboso, marcando demasiado el sonido de la S y nunca la Z. O lo que es lo mismo un tipo muy “fino”. El escritor habanero Antonio Bachiller, al darnos a conocer una parte de su concepto guachinango, escribía, se llamaba así á los mexicanos en el Departamento occidental: en el central parece que tuvo una significación más bélica, pues se hablaba de haberse armado los veteranos, guachinangos y voluntarios en cierta ocasión en Villa clara. Vale aclarar que el alzamiento insurrecto de Carlos Manuel de Céspedes en 1868, en la Demajagua, fue muy cerca de Campechuela, muy rodeada hasta 1898 por el regimiento de infantería mambí de Vicana, vecinas y ambas pertenecientes al Departamento Oriental. Sabemos que las palabras peyorativas del pargo y la cherna hacia los guachinagos (yucatecos y campechanos) fueron más bien en la zona occidental, como también la palabra cundango, que en parte de su significado don Fernando Ortiz, acotaba... En Cuba se ha dado en llamar también “pájaro”, “pajarito” al afeminado o “cundango”; dícese que por influencia de la picaresca habla de los mejicanos(4). En el caso de los que se alistaban en el Cuerpo de Voluntarios del ejercito español en Campechuela, (esto me lo contó mi padre, al que se lo contó mi abuelo, que fue coronel de los mambises) les llamaban de forma ofensiva a los campechanos “Capechuela el que no corre vuela” (5), en alusión al pájaro, que según el DRAE, en algunos lugares de Cuba, es sinónimo de sodomita, o sea homosexual. Así que homosexual no se le gritaba al campechuelero cubano, sino al campechano que se alistaba o simpatizaba con España.

(1) Diccionario provincial casi-razonado de voces y frases cubanas, de Esteban Pichardo. Ediciones 1861 y 1875.
(2) Vocabulario Cubano. Suplemento a la I4. Edición del Diccionario de la R. A. de la Lengua. Constantino Suárez (españolito). 1921.
(3) Vocabulario Cubano. Suplemento a la I4. Edición del Diccionario de la R. A. de la Lengua. Constantino Suárez (españolito). 1921 
(4) Glosario de afronegrismos. Fernando Ortiz. Pág. 156
(5) Abelardo Basterrechea (1856). En el libro del general Carlos Roloff en la página 90 con el título de “Indice Alfabético del Ejército libertador de Cuba”, aparece que se incorporó a la guerra de independencia el 1ro de Agosto de 1896 en el asiento 6796. Departamento Oriental segundo cuerpo del ejército, 1ra división, 2da brigada del regimiento infantería de Vicana. Grado: Capitán. Todo asentado en el libro 4to folio 284 No 341 del Archivo Nacional. Nota: Grado para aclarar. Grado aclarado: Coronel.



Tea.

Nos referimos a la raja de leña resinosa, utilizada por los mambises cubanos como antorcha para quemar los ingenios, cañaverales y demás propiedades de los simpatizantes de España, llamándole a la acción la Tea incendiaria, yquedara en el vulgo como sentido metafórico para demostrar que estás en la miseria o sin dinero, según Don Fernando Ortiz, en Un catauro de cubanismos. pág. 183 y 184 ¿Es una palabra indígena? Claro que no. En el Fuerte de Navidad, Colón dejó a un calafate o carpintero de ribera, dedicado a calafatear las embarcaciones o sea, a sellar con estopa, resina o chapapote las juntas de las tablas de una embarcación para evitar la entrada de agua. Un hombre experto en maderas, resinas, sabedor de hacer antorcha (tea). La palabra teaproviene del latín taeda, que acompañando a otra palabra también latina, pinus, es una especie de árbol muy conocido en América, nos referimos a lapinotea, que aún el Diccionario de la Real Academia, la mantiene separada y nos aclara, que es una madera muy resinosa. Todo esto debió saberlo el calafate, sin imaginar que tiempos después, utilizaran sus conocimientos para quemar el Fuerte que los protegía y en un futuro algo lejano, las propiedades de sus reyes. No hay peor astilla que la del propio palo.


Timba.

Ya desde 1836, Esteban Pichardo recogía en su diccionario, que la palabra timba provenía del juego de azar, conocido como el Monte y en la edición de 1875, agregaba que así se le decía al tirante o a la alfarda. Y para 1921, Suárez reconocería la palabra como el más ordinario de los dulces pastosos que se hacen de la guayaba (Y agregamos, que de aquí debió salir la frase “pan con timba”, quizás de cuando la hambruna machadista) y nos remite al Apéndice de su Vocabulario, exactamente a la frase “Tener timba”, era como tener rabia, también como manifestación de entusiasmo o admiración por lo que otra persona ha efectuado. etc. Y en 1923, Fernando Ortiz ratificaba lo de Pichardo, planteándolo como madero, alfajía de grandes dimensiones, pero agregaba que provenía del inglés Timber, sin mencionar el juego del azar, que lo reconocería un año después en su Glosario de afronegrismos, señalando que la Real Academia ya la había aceptado como tal y agregaba que en Cuba, úsase el vocablo en la expresión“tiene TIMBA” para ponderar lo que tiene por dificultoso o meritorio, significar el desagrado, admiración o gravedad. Equivale a la locución “tener bemoles” del castellano. Hasta aquí no la relaciona a ningún género musical, pero más adelante en el mismo glosario, aparece la palabra Timbeque, que le da el significado de baile poco decoroso, propio de los negros. || Alboroto, escándalo, tumulto. Se armó el gran TIMBEQUE. || Tener TIMBEQUE, es tener dificultad o mérito, como “tener timba”. Y prosigue; parece eufónicamente africana esta voz, como zarambeque “baile de negros”. Y cree; que el significado de “baile” es posible que se determine por el influjo de la voz TIMBA. Y agregamos nosotros a lo buen cubano “tener timbales”, que proviene de la imagen del tambor de un solo parche, con caja metálica de media esfera, pero que generalmente se tocan dos a la vez, según la Academia. Timba es el nombre de un barrio marginal de la Habana, el barrio de Chano Pozo, quien expresaba “La timba soy yo”, y aunque la Academia no lo haya aprobado, la timba se convirtió en un género musical cubano. Ya tiene tiempo.


Tortillera.

La palabra tortillera según el DRAE, es una palabra despectiva y vulgar que significa lesbiana, entre otras acepciones. Además de esa palabra, se utilizan otras como machango a la mujer corpulenta o con acciones parecidas al hombre, y también marimacho (De Mari, apócope de María, y macho; como lo es la palabra marica, afeminado que también es un diminutivo del mismo nombre y mariquita que deriva de marica. El vocablo es castellano en todos sus conceptos. En la ficha número veintiocho del DRAE, aparece en 1551 la palabra virago, por un tal Sedeño, que en su escrito se refería... carne de mi carne; esto será llamado virago porque fue tomada del varón... y después Francisco de Quevedo, usó la palabra virago”, “varonil matrona”... y el DRAE la recoge del lat. virāgo, -ĭnis. f . Mujer varonil. Creemos que cuando los treinta y nueve peninsulares quedaron en el Fuerte de Navidad, en La Española, Colón había dejado entre ellos a Pedro Gutiérrez, repostero de estrado del rey Fernando II de Aragón y que fue este hombre y no otro, el que a falta de pan cazabe”, porque este señor sí sabía cocinar y no que los tainos, o “mayas precolombinos hubieran sido los “creadores del cazabe y la tortilla de maíz” respectivamente, porque sino al Almirante, lo primero que le hubiera llamado la atención, las indias cocinando en utensilios domésticos y nada de eso sucedió ni quedó escrito en el Diario de navegación. Creemos que cuando a estos castellanos se les acabaron los bizcochos, las galletas sin levadura o no tenían pan 
ni vino ni carne muchas vezes; i dieron el primer nombre al que a imitación del de Europa enseñaron a hacer a los indios con yuca rallada, quitando a ésta su zumo nocivo; o al que amasaban con maíz. El primero se llamó después casabe; i el segundo tortillas, que aún prevalece en Méjico, i que no tiene nada que hacer con las verdaderas tortillas castellanas, hechas con huevo (1). En la Habana esa tortilla de maíz, data en acta del cabildo, de 18 de Enero de 1557... que muchas negras y otras personas andan por las calles vendiendo longanizas y buñuelos y maíz molido, sin postura de diputado y en lo que venden no se les ha puesto precio, de cuya causa se recibe perjuicio, y asimismo venden pasteles y tortillas de maíz y de catibías (2) y en Cabildo de 23 de Septiembre de 1588 consta que la Villa había sufrido un fuerte huracán y se trató lo siguiente entre otras cosas, que las tortillas de maíz se vendían, en Octubre, a razón de diez onzas cada una, y así se mandó en Cabildo de 1.° que se vendiese a tres por un real, y que cuando se diesen dos, tuvieran quince onzas (3). Precisamente aún cuando se le daba el nombre de cangrejo al barrio del Ángel, en la Habana y la gente de pueblo en la procesión que la víspera de San Rafael, se celebraba en el mes de octubre, llevaba delante una farola en que se veía pintado un cangrejo. El origen de las tortillas, no es otro que aprovechándose de la concurrencia, la gente pobre que habitaba en el barrio hacía y vendía esas tortillas, que quedaron con el nombre de San Rafael, patrono de la Iglesia (4). Pero es, según la ficha número ocho, del DRAE, donde en 1838, aparece en el Diccionario aragonés la palabra tortillera, significando tribadismo, de tribada e –ismo. m. poét. lesbianismo. No haciendo alusión al tipo de tortilla, si era de maíz o de huevo. Relacionado con esto, lo que sí tenemos recogido en la obra El Monte de Lydia Cabrera, es el siguiente comentario, abundan también las lesbias en Ocha —alacuattá—, que antaño tenía por patrón a Inlé, el médico Kukufago, San Rafael, «santo muy fuerte y misterioso», y a cuya fiesta tradicional en la Loma del Ángel, en los días de la colonia, al decir de los viejos, todas acudían. Invertidos —Addóddis, Obini-Toyo, Obini-Ñaña o Erón Kibá, Wassicúndi o Diánkune, como les llaman los abakuás o ñáñigos—, y alacuattás y oremi, se daban cita en el Barrio del Ángel el 24 de octubre. Hasta se menciona una supuesta sociedad religiosa de alacuattás (5). Estos sucesos ocurrieron alrededor de 1887, precisamente en los momentos en que se proclamaba la abolición de la esclavitud en Cuba. Ya para 1921, en el Vocabulario Cubano, de Constantino Suárez (Españolito) se recogía la palabra Tortilla. Común f. — muy vulg.—Placer sexual entre dos mujeres. Y Tortillera. Comúnf. — muy vulg. — Dícese a la mujer que tiene el vicio indicado en tortilla (2da acep.). Todavía en Cuba para ofender a una mujer, es muy popular el palmeo de manos girando las muñecas, a modo de como las tortilleras elaboraban manualmente las tortillas de maíz para adelgazar una pequeña bola de masa, como en los días del Arcángel.

Bibliografía.
(1) Orígenes del lenguaje criollo. Juan Ignacio de Armas. Habana, 1882. Pág. 36.
(2)  El curioso americano. No. 7 Habana. Marzo 1o de 1893 Año I. Pág. 64.
(3) Lo que fuimos y lo que somos o la Habana antigua y moderna. José María de la Torre. Pág. 164.
(4) Lo que fuimos y lo que somos o la Habana antigua y moderna. José María de la Torre. Pág. 48.
(5) El Monte. Lydia Cabrera. Pág. 71

Yanquirule*

Ya cualquier pelotero cubano tendrá la posibilidad de convertirse en el futuro inmediato, en un Yanquirule. Y nunca más tendrá que gritar por las calles de su pueblo Cuba sí, Yankees no, como muchos nos vimos obligados de diversas formas a hacerlo. Y podrá recorrerlas convertido en multimillonario haciendo la diferencia entre la gran mayoría empobrecida del proletariado que ni un pedazo de pan tiene para llevarse a la boca en estas navidades del 2018. Ojalá esa abismal diferencia entre ricos y pobres abra los ojos a aquellos que aún sueñan, con el apriétense el cinturón, que mañana será mejor. Estoshombres nuevos, los Yanquirules, tampoco arriesgarán sus vidas para salir como balseros, en un tráfico humano que a la larga traía nefastas consecuencias para los involucrados. Adiós a las matemáticas ni a querer ser doctor, ahora quiero que mi hijo estudie para pelotero, será el sueño de las madres cubanas, al igual que la de los Mesa y Gurriel, (sueños ya realizados) las del hoy y del mañana, ver a su hijo convertido en un Yanquirule, en un mulo del Manhattan, como lo fue una pléyade de cubanos, diecisiete en total, encabezada por ese grande, Duke Hernández y continuada por Albertin Aroldis Chapman.

Yanquirule*. Despectivo de yanqui, natural de los Estados Unidos. Procede del himno patriótico, popular entre los norteños cuando su guerra civil contra los Estados confederados del Sur, que se titula Yankee rule. Fernando Ortiz, según su Catauro de cubanismos. Año 1923.


Yemayá.

Stella Maris es una denominación latina que significa estrella de mar, un antiguo título del siglo IX, referido a María, madre de Jesús, que da origen al himno de los marinos. San Bernardo de Carvajal en el siglo XII, escribió: 
Si surgen los vientos de la tentación, si te arrojan contra las rocas de la tribulación, mira a la estrella, llama a María; si te golpean las olas del orgullo, de la ambición, de la envidia, de la rivalidad, mira a la estrella, llama a María. En caso de que la ira, o la avaricia, o el deseo carnal asalten con violencia la frágil embarcación de tu alma, mira la estrella, llama a María. Los treinta y nueve hombres que quedaron en el Fuerte de la Navidad de una forma u otra eran, hombres de la mar, declaraba Cristóbal Colón, el 2 de enero, en su Diario de Navegación, pero haciendo lo contrario a lo vaticinado por San Bernardo, aquellos peninsulares dominados por la soledad, una vez que el Almirante emprendió rumbo hacia Castilla, comenzaron entre sí á reñir é tener pendencias, y acuchillarse, y tomar cada uno las mujeres que quería y el oro que podía haber, y apartarse unos de otros, según el Diario, convirtiéndose en los arquitectos de su propio destino, llevados hacia la muerte y en el mejor de los casos a la dispersión por los bosques de aquellas tierras vírgenes, quizás hasta ser exterminados por el cacique rebelde Caonao, y el Fuerte perecer bajo el fuego de las llamas. Estos hombres que quizás esperaban ansiosos el regreso de Colón, casi por un año, en algún momento afligidos, clamaron a Nuestra Madre o sea a Stella Maris y qué tiene de extraño, que al estar unidos o al dispersarse, no todos contaran con una imagen o medalla de María, como lo menciona el Diario, al regresar Colón en su segundo viaje. Aquellos hombres quiénes con sus herramientas, o sus armas, como las navajas vizcaínas o sevillanas, cuchillos y puñales, no intentaran tallar a la Virgen María, en madera, barro o piedra, y por falta de destreza lograran como resultado figuras deformesque se suponían de uno ú otro sexo y á veces se representaban solo en forma femenina. pag. 242, Cuba primitiva, y estos treinta y nueve hombres, en ociosidad, disponían del tiempo suficiente, los conocimientos y las herramientas para pulir piedras y esculpir figuras extrañas, llámense ídolos o cemí, para amedrentar a los nativos y doblegarlos a la pura obediencia, contarles y enseñarles fábulas recogidas en África, porque muchos, incluido Colón, habían estado en Guinea y de ahí el fantástico relato de la higuera y los peces, o la garrafa que tenía un pez, que todo el mundo se pregunta, el porqué de la semejanza de esas fábulas en lugares tan distantes. El porqué Yemayá se sincretizaba con la Virgen y ahora uno se explica, que la palabra maya, de origen portuguesa está implícita en su nombre por significar María en español, y es porque fue Portugal uno de los primeros en colonizar la costa occidental de África y el primero, después de España, en penetrar a América, específicamente en Brasil, ya que una parte de éste, quedaba fuera de la línea del Tratado de Tordesillas, 
y por eso Brazil fue el segundo país después de La Española, en adorar a Yemayá. Maya es el vocablo que unió a tres culturas, la europea, la africana y la americana. Y veinticinco años más tarde dio nombre a un imperio, extendido hacia el oeste, después del encallamiento de la nao Santa María. Y qué decir del maléfico o endiablado Mabuya, espíritu malo, que nos narra el Padre Ramón Pané en sus fantásticos relatos, cuando llegó con Colón en su segundo viaje. Si analizamos la palabreja veremos que en el vocablo maya, está inserta la sílaba bu, y no será porque bu viene de buba como en ese tiempo los castellanos llamaban a la sífilis de la que contagiaron o se contagiaban, cosa que está por determinar, en aquel libertinaje donde tomaban las mujeres a sus indios y hacían de ellas lo que más les placía. Entonces creo que no hay ninguna duda de que Stella Maris, Maya o Yemayá sean la misma Virgen María.

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